La llamada de Cthulhu, el terror que sueña

La vida de Howard Phillips Lovecraft (Providence, Rhode Island, Estados Unidos, 20 de agosto de 1890 – ibídem, 15 de marzo de 1937) fue casi tan extraña como lo que él mismo escribía. Era un niño prodigio: recitaba poesía desde los dos años, leía a los tres y comenzó a escribir con seis o siete; desde entonces no dejó de hacerlo. Debido a la pérdida de sus familiares más cercanos y a su fracaso escolar por problemas de adaptación y salud, se convirtió en un joven solitario y extravagante que solía vivir como un ermitaño, y el sentimiento de frustración y fracaso que lo acompañaba nunca lo dejó, llegando a considerar el suicidio. Sin embargo, antes de su muerte prematura por un cáncer, creó uno de los universos mitológicos más amplios de la literatura fantástica y, póstumamente, se le reconoce como uno de los mejores escritores del género y el precursor del horror cósmico. Esta gigantesca cosmogonía inspiró tanto a sus contemporáneos que se creó el llamado Círculo de Lovecraft, un grupo de sus amigos que escribía relatos compartidos, inspirados en los suyos y viceversa.

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H. P. Lovecraft, 1934. Fuente: Wikipedia

Su obra más conocida y la que comenzó con este universo es La llamada de Cthulhu, un relato publicado en 1928 en la revista Weird Tales. Aunque existen otros previos, es en este en el que Lovecraft perfila por primera vez la figura de su monstruo más reconocible, Cthulhu. El comienzo de la historia refleja a la perfección el tipo de terror que encontramos en su literatura: no habla de vampiros, hombres lobo o fantasmas, está convencido de la incapacidad de la mente humana para comprender la grandeza del cosmos. El protagonista que habla en primera persona tiene un oscuro temor ante lo poco de aquello sobrehumano que ha descubierto, no desea saber qué más existe fuera de la escasa percepción humana y afirma que el conocimiento solo causa la locura de quien lo encuentra.

Este hombre, tal y como nos cuenta en una carta, ha heredado todos los documentos de su difunto tío, un profesor experto en lenguas, y entre ellos descubre una caja con un contenido extraño. Se trata de unas anotaciones de su tío, unos recortes de periódicos y un bajorrelieve de arcilla. Los motivos por los que el profesor ha estado investigando los sueños extraños y delirios de diversas personas en todas partes del mundo se remontan extrañamente a una antigua investigación policial en el otro extremo de Nueva Inglaterra. Al parecer, había conseguido relacionar las pesadillas que representan ciudades enormes, imposibles y terroríficas, con un diabólico culto mantenido en la sombra durante siglos que pretende despertar a un dios primigenio.

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Boceto de Cthulhu por Lovecraft. Fuente: Wikipedia

Lovecraft es uno de esos autores cuyas sutilezas dicen mucho más que sus obviedades. No desea ni necesita describir con detalle los horribles crímenes del culto, ni la figura completa de los seres sobrenaturales que se presentan. Su mejor forma de causar terror es, precisamente, la imposibilidad de describirlos porque no pueden caber en nuestras mentes. La ciudad de R’lyeh, donde descansan los dioses, exhibe una geometría no euclidiana, ángulos absurdos y cambiantes y planos sobre los que cuando alguien camina no puede decidir si son verticales, horizontales o inclinados. Los dioses primigenios que duermen bajo ellos tienen forma, pero no de carne y hueso, y según las historias vinieron de las estrellas antes del nacimiento de la humanidad. El protagonista no es el Gran Cthulhu, el horrible dios, ni sus siervos, sino el hombre que descubre paso a paso una realidad que antes desconocía y comparte con el lector el miedo visceral que esto le produce. Miedo a que el culto sepa lo que él y decida silenciarlo, pero sobre todo miedo a la mera existencia de los dioses, a su despertar y a la locura que provocan en los hombres. Terror, en definitiva, a la irrelevancia de la humanidad frente a un cosmos y unos seres mucho más grandes y antiguos que nosotros.

Los Mitos de Cthulhu continúan la estela del primero, algunos escritos por él mismo y otros por autores de su círculo que respetan su estilo y su mundo como si sostuvieran su misma pluma. En todos ellos, la cosmología de los Primigenios no se presenta como la trama principal sino como un mundo infinito en el que las diminutas personas se aventuran a indagar. Y entre sus otros relatos y ciclos, destacan Historia del Necronomicón, El caso de Charles Dexter Ward, El Horror de Dunwich o En las Montañas de la locura. Sus obras no solo han influenciado a otros autores: tiene 9 adaptaciones fílmicas, juegos (incluso podemos tener un Cthulhu como mascota) y numerosas referencias en música, televisión e internet. H. P. Lovecraft es un clásico que todo amante del terror y la ciencia ficción debería leer al menos una vez antes del despertar de los dioses. Mientras tanto, Cthulhu fhtagn.

Cthulhu sueña

*Ilustración de Andrey Nazarov

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